20 de junio de 2014

Que no se diga, Platini. Los franceses no saben jugar al fútbol

Marine Le Pene -hija de tigre- gana escanios para la extrema derecha gala con los argumentos de siempre: ajuste y expulsión de los extranjeros. Pero cuidado, no sea cosa que se queden sin equipo.



París es una fiesta. Hay muchos franceses pálidos de ojos azules que frente al Arco del Triunfo, al pie de la Torre Eiffel o en los elegantes restaurantes de los Champs Élysées festejan cantando la Marsellesa. La alegría solo ha podido ser posible gracias a un grupo de hombres que no son franceses, que tienen ojos oscuros como la piel y que no saben cantar la Marsellesa. En el Stade de France esos muchachos desatan un festejo más alocado -menos francés- con sus torsos desnudos y la bandera de cada una de las patrias que sienten propias, tras conquistar la primera Copa del Mundo para Francia en 1998. Jean Marie Le Pen, el candidato de la extrema derecha, se queja en los medios de comunicación por esos 17 jugadores -de los 23 del plantel- que no solo no son franceses, sino que la mayoría son negros.

En la desigual Francia de Chirac viven africanos que no pudieron ser Desailly o Vieyra, los baluartes del sistema defensivo. Venden baratijas y moran en los suburbios, amontonados en departamentos, sospechados por la policía y propensos a las trifulcas callejeras donde siempre la ley les guarda la peor parte. Pero festejan también. Acaso sienten más propios al argelino Zinedine Zidane, al ghanés Bernard Lama, al caledonio Karembeu o al armenio Dyorkaeff. Y puede que tengan razón. Lilian Thuran tiene el tupé de dedicarle el triunfo a su abuelo, porque murió peleando por la independencia de la Isla de Guadalupe que es... una colonia de Francia. La extrema derecha vuelve a irritarse pero no puede azotarlo. Ahora es un futbolista galo campeón del mundo, no como esos otros vendedores ambulantes, portacaras, no-franceses.

El pasado domingo 25 de mayo, 18 días antes del inicio del Mundial, Marine Le Pen ganó las elecciones europeas con el 25% de los sufragios. La segunda minoría quedó constituida por la Unión por una Mayoría Popular, un espacio político que solo puede estar al centro si es que a la derecha hay un Le Pen. La hija del viejo Jean Marie también está preocupada por la ola de inmigrantes que le quitan la comida y el trabajo a los franceses de verdad. “Que se aplique la política de los franceses, para los franceses y con los franceses”, bramó unos minutos después de conocer el resultado del escrutinio. Fue un tiro por elevación para la conducción de la zona Euro, pero todos sabemos bien de qué habla cuando dice “los franceses”.

Igualmente, la blonda Marine deberá tomar nota del equipo que busca reeditar el triunfo conseguido aquella vez en París. Mamadou Sakho es hijo de senegaleses, lo mismo que Bacari Sagna y Patrice Evra, que también llegó desde ese país del norte de África. Eliaquim Mangala nació en el Congo, Paul Pogba es hijo de guineanos y Moussa Sissoko es de Malí. También están los angoleños Río Mavuva y Blaise Matuidi, sin olvidarnos del tunecino Loic Remy y el argelino Karim Benzema que -por las dudas ya lo aclaró- ni piensa cantar la Marsellesa. Al menos está también Rémy Cabella, que no será puro pero no es negro, sino de ancestros italianos.

Esta vez Francia no tiene un equipo que le permita soñar con repetir el lauro parisino de 1998. Lo que continúa indenme es el discurso fascista de sus principales referentes políticos. Lilian Thuram, el elegante defensa y autor del libro “Mis estrellas negras” lo definió mejor que nadie Nací en Guadalupe y cuando llegué a París, con nueve años, vi unos dibujos animados en los que aparecían dos vacas: una negra, muy estúpida; y una blanca, muy inteligente. Mis compañeros me llamaban Noiret. Le pregunté sobre ello a mi madre. y me dijo: ‘Es así, son racistas’. Luego, tuve la suerte de que me explicaran lo que es el racismo. Se necesita superar el sentido de culpabilidad”. Quizás Marine y su papá no se hayan detenido ni un minuto en leer un libro escrito por un negro.

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